Chantada es el Corazón de Galicia, como se conoce por su ubicación, en pleno centro geográfico de la comunidad gallega, es sin duda un refugio de paz y silencio que acoge con los brazos abiertos a todo aquél que va en busca de sí mismo.
Se conservan aquí importantes vestigios románicos en numerosas iglesias y monasterios perdidos entre la frondosidad de los bosques o a pie de calle, austeros y sobrecogedores todos ellos en cualquiera de los escenarios.
El casco antiguo se encuentra entre las rúas de Calvo Sotelo y Dous de Maio, confluyendo ambas en la popular plazuela del Cantón, con su suelo empedrado.
Las casas tradicionales chantadescas son sencillas, erigiéndose las más antiguas sobre pintorescos soportales siguiendo fielmente los patrones de la arquitectura civil gallega. Entre las construcciones más visitadas se encuentra la Casona de Lemos, hoy convertida en Casa de Cultura, que contrasta con otros edificios de corte moderno como la Casa da Xuventude, de original estructura.
Visitaremos también los pazos de Sabadelle y Vilar de Esperante.
La torre del homenaje, única reseña en pie del castillo de Arcos, es otro monumento digno de admirar en la villa capital.
A las afueras del casco urbano, junto al castro de Centulle, el santuario de Nosa Señora do Fátima se ha hecho un hueco entre los edificios de mayor devoción de la provincia. Combina con acierto las bases de la arquitectura románica y mozárabe con elementos propios de los castillos medievales irlandeses, con cruces gaélicas como principal elemento decorativo y una apariencia general de fortaleza defensiva.
En la ruta románica del Concello de Chantada visitaremos Monasterio de San Salvador de Asma, San Miguel do Monte, Santa María de Bermún, Iglesia de Santa María de Pesqueiras, San Salvador de Brigos, Santa María de Camporramiro, San Cristovo de Fornás, Santiago de Requeixo, San Paio de Muradelle, otros restos románicos son los templos de Santa María de Nogueira do Miño, enclavado en un paraje de singular belleza; Santa María de Arcos, con su portada norte original; San Vicente de Argozón donde se conserva su primitivo ábside cuadrangular; o los escasos vestigios de San Martiño de Mariz y San Cristovo de Mouricios.