Escapada rural al Lago de Sanabria. Un paraíso glaciar.

enero 17, 2014 Por: Ibérica Turismo - No hay comentarios

Viajar al Lago de Sanabria significa desconectar del mundanal ruido y del estrés diario, respirar aire puro, disfrutar con uno de los entornos paisajísticos más hermosos que tenemos y crear una comunión casi perfecta con la naturaleza.

Lo único que necesitamos para ir son ganas de conectar con el paisaje y de admirarnos con cada paso que damos. Nada más. El resto sobra, así que lo podemos dejar aparcado en nuestras casas.

La primera impresión que te llevas cuando llegas al Parque Natural del Lago de Sanabria es que todo ha cambiado. Pasas de un paisaje agreste y seco a la naturaleza más viva. Estrechas y sinuosas carreteras te adentran más y más hasta que por fin ves el reflejo de sus aguas entre las montañas. Todo ha cambiado. Las casas, la gente, el paisaje y hasta el aire que respiramos. Y ahí es donde empieza todo.

Vista general del Lago de SanabriaVista general del Lago de Sanabria

Puedes optar por alojarte en una de las innumerables casas rurales de la zona, perfectamente acondicionadas y fusionadas con el entorno, o bien puedes ir a un albergue, donde compartirás con otras personas la experiencia. Pero si de verdad quieres algo mágico, algo único e irrepetible tienes que adentrarte en la increíble experiencia de quedarte en uno de los campings de la zona, donde sí que podrás disfrutar de la esencia del Lago.

De cualquiera de las maneras, una vez alojados, lo primero que hay que hacer es bajar hasta la orilla del Lago. De primeras te deja pasmado. Un lago entre montañas y verdes árboles, con un agua increíblemente cristalina y tan fría que los únicos ruidos que escucharas durante tu estancia serán los gritos de los bañistas al primer contacto con ella. Y una paz que lo inunda todo, que te atrapa y te ensimisma del mundo.

Lago de SanabriaLago de Sanabria

Siglos y siglos de historia tiene la zona y como tantos otros sitios no está exento de historias y leyendas. Su historia más triste ocurrió hace 55 años cuando una presa destruyó el pueblo de Ribadelago, cuyas ruinas aún asoman a la orilla de las aguas que lo anegaron. Cientos de personas fallecieron y el pueblo quedó destruido. Aún hoy se pueden ir a visitar sus restos y esas famosas campanas que no avisaron de la desgracia que les iba a acontecer.

En cuanto a la leyenda, desgraciadamente premonitoria, aún se cuenta las noches de verano bajo el manto de estrellas que arropan el Lago.

Se dice que una noche de mucho frío llegó al pueblo de Villaverde de Lucerna un peregrino que pedía limosna y abrigo para pasar la noche. Nadie le hizo caso hasta que dio con un horno en el que unas bondadosas mujeres le acogieron y le dieron de comer. Agradecido como estaba, el peregrino, que no era otro que Jesucristo, avisó a las mujeres que por la falta de caridad del pueblo iba a castigarlos inundando la aldea y que para demostrarles su gratitud hacia ellas, debían subir a lo más alto del monte para salvarse.

Seguidamente el peregrino clavó su bastón en el suelo y el agua salió a borbotones, salvándose solamente el horno de las mujeres.

Los vecinos de los alrededores quisieron ir a rescatar las campanas de la iglesia pero sólo pudieron rescatar una de ellas. Y esta es la campana que los hombres de bien pueden oír repicar desde el fondo de las aguas la noche de San Juan.

La medieval y bella leyenda tejida en torno al lago de Sanabria, fue elevada a la categoría de literaria en la novela que Miguel de Unamuno tituló «San Manuel Bueno, mártir» (1930), y en la que el catedrático de la Universidad de Salamanca escribió convirtiendo el nombre del ya de por sí legendario pueblo en Valverde de Lucerna:

«Campanario sumergido

de Valverde de Lucerna

toque de agonía eterna

bajo el agua del olvido…»

Pero no sólo el Lago y sus leyendas te atrapan. Un sinfín de lugares que visitar harán que tu estancia se pase en un suspiro. Pueblos como Trefacio, Puebla de Sanabria, Ribadelago o San Martín de Castañeda; lugares como la Ermita de La Alcobilla, donde se encuentran los castaños centenarios o la carretera donde se sufre una ilusión sensorial en la que en cuesta abajo, los coches en punto muerto, suben en vez de bajar; las innumerables rutas de senderismo que te adentran en el corazón de la zona (Cascadas de Sotillo, Cañón del Tera, la ruta de los Monjes) y muchos más recorridos increíbles.

Castaños centenariosCastaños centenarios

Carretera de San JustoCarretera de San Justo

Cascadas de SotilloCascadas de Sotillo

Luego están sus pueblos, con su característica arquitectura sanabresa, sus ruinas, sus iglesias como la del Monasterio de Santa María de San Martín de Castañeda, otrora en ruinas y ahora sede del Centro de Intrerpretación del Lago, sus gentes con ese carácter sanabrés que no te dejará indiferente y su gastronomía, rica en matices y sabores, como los habones sanabreses y la trucha asalmonada.

La única pega posible que se le puede poner es el clima. Prácticamente lluvioso todo el invierno y con temperaturas tibias por el día y muy frías por la noche. Ahora bien, sus paisajes nevados merecen la pena pasar frío. Un bello recuerdo que llevarse del lugar.

Laguna nevadaLaguna de los peces nevada

Desde luego, un lugar inolvidable que te atrapará y enamorará. Una vez que has ido no podrás dejar pasar mucho tiempo sin volver para seguir adentrándote en su esencia.

Así que ya sabéis, no dejéis pasar la oportunidad de ir aunque sea una vez en la vida. No os defraudará.