Qué ver en Ávila, ciudad amurallada y cuna de Santa Teresa.

febrero 18, 2014 Por: Ibérica Turismo - No hay comentarios

Ávila es una pequeña ciudad amurallada que conjuga a la perfección patrimonio artístico y cultural, religiosidad, tradición y gastronomía. Enmarcada por sus murallas, ha sabido conservan su ambiente medieval y, al igual que Toledo, ha contenido entre ellas la esencia de las tres culturas: judía, musulmana y cristiana.

Su mayor importancia durante la Alta Edad Media se refleja en la riqueza de sus monumentos y de las pequeñas iglesias románicas de San Andrés y San Segundo, o las iglesias más grandes y más impresionantes de San Vicente y San Pedro. Y más allá de todo, la Catedral, considerada la primera de estilo gótico de la Península Ibérica.

Pero fueron los siglos XV y XVI los que marcaron su apogeo con la construcción del Monasterio de Santo Tomás y la aparición de Teresa de Jesús, reformista, mística y doctora de la Iglesia Católica.

Y toda esta gran riqueza cultural hizo que, en 1986, la Unesco, declarara la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

En Ávila no es fácil perderse puesto que se trata de una ciudad de reducidas dimensiones rodeada completamente por muros de piedra, pero lo que sí que es fácil, es perder la noción del tiempo recorriendo cada uno de los rincones que han marcado su historia.

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Conocida mundialmente por Santa Teresa de Jesús, Ávila esconde grandes joyas como son:

La Plaza de Santa Teresa, que durante siglos fue el centro de la ciudad, sede del mercado y en la que se celebraron importantes torneos de caballería. Las murallas, que son su icono y sorprende que hayan durado tantos siglos sin sufrir prácticamente daños. La Puerta del Alcázar protegida por dos torres colosales que une la Plaza de Santa Teresa con la muralla. La Catedral de Ávila, rodeada de casas señoriales y escoltadas por los leones que ocupan las pilastras de la plaza y que fue la primera catedral gótica de influencia francesa en España. La Iglesia de San Vicente, considerada la más grande de estilo románico de la ciudad. El Palacio Dávila, uno de los más bellos de todo el conjunto medieval y en la que Pedro Dávila hizo tallar la famosa frase “Donde una puerta se cierra, otra se abre”.

DSC_0257ÁvilaCatedral de Ávila

Cuando el sentido de la estética y el de la utilidad se unen, nacen hermosas casas blasonadas con puertas sólidas y paredes gruesas. Ejemplos son la Casa del Verdugo o la Casa del Águila. Y ya en la ruta teresiana nos encontramos con el Convento de la Santa, convento de Carmelitas Descalzas que se construyó en lo que fue la casa de Santa Teresa. La Iglesia de San Pedro, iglesia románica, declarada Monumento Nacional en 1914. El Monasterio de Santo Tomás, que fue fundado por María Dávila, viuda del tesorero de los Reyes Católicos, Hernán Núñez Arnalte y cuyo trabajo fue continuado por Tomás de Torquemada. El Monasterio de la Encarnación, en el que Santa Teresa tomó los hábitos. Y, ya a las afueras de Ávila, encontramos los Cuatro Postes, desde donde se dice que Santa Teresa y su hermano Rodrigo quisieron huir a tierras árabes.

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Pero no sólo de religiosidad vive Ávila, también lo hace de sus fiestas y su gastronomía.

La fiesta principal es la que se celebra en honor de Santa Teresa del 07 al 15 de octubre. Y se celebra con procesiones, desfiles de gigantes, corridas de toros e incluso fuegos artificiales. También es importante su Semana Santa, sobrecogedora al cruzar la ciudad por las estrechas y silenciosas calles.

Y, en cuanto a su gastronomía, qué se puede decir que ya no se sepa. Ávila ofrece una amplia gama de productos de alta calidad como las excelentes judías de El Barco o las deliciosas frutas del Valle del Tiétar.

Su cocina castellana cuenta entre sus platos con cocido y sopa castellana, cochinillo y cordero asado, chuletón o mollejas guisadas. Y de postre, que mejor que unas yemas de Santa Teresa.

Todo esto regado con los buenos vinos de la zona harán que el frío invierno de esas tierras cale menos hondo en nuestros cuerpos y nos permita seguir paseando por adentro de sus murallas.