Qué ver…La Alhambra de Granada. IV parte.

noviembre 20, 2013 Por: Ibérica Turismo - 1 comentario

Y, por último, nos queda hablar del Generalife y el Palacio de Carlos V.

El Generalife es la única de las huertas de recreo de Cerro del Sol que ha llegado a nuestros días. Era una finca donde el rey de Granada se retiraba para pasar temporadas de descanso alejado de las preocupaciones de la corte. Fue concebida como villa rural, donde jardines ornamentales, huertos y arquitectura se integraban.

Por fuera de los edificios, lo único que queda de los jardines primitivos son las terrazas escalonadas que llegaban hasta la cima del cerro.

Jardines II

Era al mismo tiempo un paraíso y una huerta o jardín real, que garantizaba el abastecimiento de la Casa Real. Se disfrutaba con todos los sentidos: la visión de las flores, su perfume, el sonido del agua y el tacto y gusto de los frutos que se iban comiendo al pasar bajo los árboles.

Flores

La zona mejor conservada del Generalife es el Patio de la Acequia y al fondo del patio y tras un pórtico de cinco arcos, se accede a la Sala Regia, decorada con yeserías, y que conduce a un mirador del siglo XIV. La decoración tanto de esta sala como del resto del conjunto es comparativamente más sobria que la de las salas de la Alhambra. Como villa rural de descanso, la ausencia de fasto debía de ser preponderante.

Patio de la Acequia

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De la Sala Regia se accede, a través de unas escaleras, a un cuerpo con doble galerías renacentistas, al que se abre el Patio del Ciprés de la Sultana, protagonista de misterios en la tradición granadina, y en el que la leyenda narrada por Ginés Pérez de Hita, sitúa los encuentros de la esposa de Boabdil con un caballero, miembro del clan de los Abencerrajes, pariente del sultán.

Jardines

A continuación, y prosiguiendo el ascenso, a través de la escalera de los leones, se llega a los denominados Jardines Altos del Palacio. Para ello pasaremos por la Escalera del Agua, ingenioso artificio al servicio del disfrute de los sentidos. El objetivo principal de dicha escalera era comunicar el palacio del Generalife con una pequeña capilla situada en lo alto de la colina. El acceso, en pendiente, representaba un problema que el alarife nazarí supo salvar con singular maestría: la escalera, interrumpida por varios descansillos de planta circular presididos por fuentes bajas, tiene como pasamanos dos canales hechos con humildes tejas y ladrillos y encalados. Por ellos discurre el agua de la Acequia Real, abrupta e irregularmente produciendo una sinfonía de tranquilidad y reposo, y humedeciendo el ambiente, todo bajo una cerrada bóveda de laureles.

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Fuente en los jardines

Ahora bien, si existe un monumento polémico, incomprendido y, sin embargo, indispensable es el Palacio de Carlos V. Los tópicos románticos lo presentan como el intento de unos feroces monarcas españoles de arrasar el pasado musulmán. La verdadera historia revela el valor de símbolo que la monarquía española concedió a la conquista de Granada.

Probablemente, gracias al Palacio, la Alhambra pasó a ser parte del patrimonio de los Palacios Reales de España en lugar de quedar reducida a testimonio arqueológico de una cultura vencida.

Fachada del Palacio de Carlos V

Fue mandado construir por el rey Carlos V a partir de su boda con Isabel de Portugal, celebrada en Sevilla, en 1526. Tras el enlace, la pareja estuvo viviendo varios meses en la Alhambra, quedando profundamente impresionada por el palacio y dejando encargada la construcción del nuevo palacio con la intención de establecer su residencia en la Alhambra granadina.

Palacio de Carlos V

Desde 1958, el palacio es sede del Museo de Bellas Artes de Granada.

Columnas

Y hasta aquí nuestro paseo por la Alhambra de Granada. Mucho se ha dicho de ella y mucho se puede seguir contando, pero si realmente queréis haceros una idea de su magnitud y belleza, debéis ir a verla. Será uno de los mejores días de vuestra vida.